¿Contar cuentos? quiero contar, contar y que me cuenten.

Vivencias, historias de vida, sueños, deseos, no solo podemos contar cuentos, hay tanto por contar…

Contar cualquier cosa susceptible de contar, no solo contar cuentos. Vivimos de contarnos, nos alimentamos de ello y es maravilloso.

Nos pasamos el día contándonos como ha ido todo, en el trabajo, cuando llegamos a casa, en la escuela, cuando visitamos a un familiar o amigo, cuando soñamos o queremos transformar nuestros sueños en realidad.

Contamos para que nuestras historias salgan de viaje y hay contadas naturales del día a día que son maravillosas. Cuando voy a las escuelas y hago una sesión de animación a la lectura, suelo decirles que estamos hechos de historias y de verdad lo creo así, pues las necesitamos para sobrevivir, retroalimentarnos, aprender, comunicarnos y disfrutar. Ya sean historias reales o ficticias, todas son necesarias, sobre todo las ficticias.

Hay culturas que a día de hoy todavía viven de la oralidad en exclusiva. Sin escribir ni leer, los cuentos y las historias son modo de evolucionar. Cuando cae la noche y la hoguera ilumina la oscuridad los expertos en historias convocan al pueblo y dejan viajar las palabras de sus bocas a las orejas de los oyentes. Todos, mayores e infantes sin distinción de edad se agrupan alrededor del fuego a escuchar y contar. Esto les ayuda a entender el mundo y la vida. Es un acto íntimo, familiar, cálido y de pausa, ¡me parece tan hermoso!

La ventaja de nuestra cultura es que ha podido recapitular parte de esas historias de la tradición oral y de la vida y las ha podido fijar en libros y recopilaciones y esto ha permitido que no se pierdan. Pero este sistema basado en el consumismo también las ha convertido en una oportunidad para ganar dinero y, al igual que las palabras, que se utilizan para comprar nuestras necesidades, los cuentos se han convertido en un producto de necesidad más que vender y comprar.

Contar cuentos infantiles se ha puesto de moda desde hace unos años, pero no nos equivoquemos, contar cuentos no es medicar ni dar píldoras para curar. El mundo editorial se ha vuelto loco, nos ofrece creaciones literarias de forma indiscriminada y juega con el valor del cuento. Cuentos para dormir, superar el miedo, entender las emociones, superar pérdidas, para, para, para… ¡PAREMOS! Los cuentos y las historias en general ya tienen valor por si mismos y sobre todo los cuentos de la tradición oral de donde viene todo. Tengamos en cuenta que la literatura infantil solo tiene aproximadamente 200 años y que los cuentos nunca fueron solo para niños y niñas, con esto ya digo mucho.

Cuando cuento puedo observar que las personas que me escuchan viven parte de lo que cuento, sus gestos, sus reacciones, las ganas de contarme, de preguntarme. Y no hablo de contar cuentos de forma profesional, hablo de cuando cuento experiencias y vivencias a mis hijos, o cuando iba a casa de mi abuela y despertaba en ella las ganas de contarme historietas, o de cuando tengo un sueño erótico y se lo cuento a mis amigas. Hacemos historia cada día, hacemos nuestra historia y es vital y hermoso compartirla, aunque a veces sea un verdadero lio.

En mi espacio personal no miro que guste lo que cuento, simplemente cuento, guardo pocas cosas y me da igual si te gusta o no lo que cuento. En el espacio profesional cuento aquello que me gusta y cuento para que guste, para que el público disfrute de escuchar, viajar, desaparecer, de gozar por gozar. En mi trabajo trabajamos mucho para encontrar aquello que vamos a contar y el proceso es laborioso, constante y muy gratificante. Cuento todo el tiempo y tú también, te lo aseguro.

Animo a que contemos y a que paremos a escuchar, a que paremos un poco y  a que en esta sociedad inmersa en la compra venta, encontremos motivos para contarnos cuentos porque sí, sin medicinas. Debemos encontremos razones para ser abiertos y contar nuestras cosas, sin complejos, sin miedos. Animo a que volvamos atrás en el tiempo con nuestros mayores, para que nos cuenten y poder reír con ellos o viajar al pasado, aprender de su sabiduría. 

No nos dediquemos solo a contar cuentos, contemos todo lo que necesitemos contar y nos guste. Parar y escucharnos es lo que nos restructura, nos construye y nos regenera. son su modo de evolucionar

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